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Foto sacada de www.mindalia.com |
Cuando
vemos las victorias de Mireia Belmonte, Carolina Marín, Rafa Nadal o cualquier
otro deportista exitoso nos genera cierta envidia incluso llegando a fantasear
en querer ser ellos. No obstante, cuando te adentras en su día a día y conoces las
horas de entrenamiento que realizan, las dietas que tienen que mantener, las
grandes ausencias fuera de casa, en definitiva, los sacrificios, se te quitan
las ganas de convertirte en ellos. Y es que a todos nos gusta destacar en algo
pero nos cuesta más esforzarnos en conseguirlo.
En
mi opinión, este es uno de los aspectos más cruciales en el deporte base actual.
Los chicos y chicas quieren emular a sus ídolos deportivos: ser igual de
buenos, llevar el mismo peinado, tener los mismos coches…. Pero cuando ven que
detrás de eso hay mucho esfuerzo y trabajo, no todos están motivados para
hacerlo. De hecho, ¿cuántos chicos y chicas, al comenzar la adolescencia
empiezan a plantearse dejar su carrera deportiva en favor de quedar más con sus
amigos?
En
este sentido, es importante que desde pequeños se transmitan expectativas
realistas: no todas las jóvenes promesas llegan a ser grandes profesionales del
deporte. Para ello, es necesario que, como hablamos en artículos anteriores, el
entorno más cercano del joven deportista sea realista. Entrenadores, directores
deportivos… tienen que ser prudentes a la hora de hablar con los padres y con
los propios deportistas ya que luego llegan las frustraciones y los desengaños.
Así ¿cuántos padres y madres, después de haber invertido tiempo, dinero y
esfuerzo en la carrera deportiva de sus hijos empiezan a desesperarse porque no
llegan los resultados?
Las
expectativas realistas son fundamentales. Pero ¿qué son las expectativas?
Son predicciones
informadas de hechos futuros (Sheffrin, 1985). Es decir, creencias que
tenemos sobre la probabilidad de que un hecho ocurra. En este caso, la probabilidad
de que el joven deportista llegue tener éxito. Las expectativas están basadas
en la experiencia previa de la persona. Así cuando el entrenador nos dice que
nuestro hijo/a tiene posibilidades de llegar es porque ha vivido alguna
situación similar con otra joven promesa. Sin embargo, estas expectativas no
siempre se basan en datos objetivos ni en estimaciones reales, sino que más
bien se centran en la selectividad perceptiva (i.e., proceso por el cual
elegimos parte de la información que proviene de los hechos…). En nuestro caso,
puede ser que ambos deportistas tengan características físicas similares o un
entorno similar y por eso se haga la comparativa… etc. En otros artículos,
hemos hablado de la influencia de estas expectativas sobre el rendimiento del
deportista (i.e., profecía autocumplida), por lo que es fundamental que el entorno
del deportista sea conocedor de ello y plantee expectativas lo más realistas
posibles.
Una
vez establecidas, es importante centrar la atención y los objetivos de todos en
el camino a seguir, la meta suele estar clara (ej: ganar el campeonato, quedar
finalista, conseguir medalla…), pero no tanto, lo que supone intentar
conseguirla. Dificultades, esfuerzos, sacrificios son parte de un recorrido que
puede tener una recompensa o no, al final. Por eso es importante que los
deportistas y su entorno se centren en el proceso, y valoren la superación de
cada una de las barreras encontradas. En otras palabras, que se centren en la
tarea y no en los resultados. Esto favorecerá, por un lado, que el deportista
desarrolle un locus de control interno frente al externo (i.e., centrarse en aquello
que depende de él y no en aquello que depende de otros factores externos como
la suerte, el rival, etc.). Y por otro lado, favorecerá que el deportista se
ubique en el presente y no en el futuro, mejorando su atención y por tanto, su
rendimiento.
En
tercer lugar, hay que tener paciencia. Cada proceso conlleva unas etapas que no
es conveniente saltarse o quemar. De todos es conocido que las prisas no son
buenas, en general, para nada. Pero son muchos los padres, entrenadores,
deportistas que quieren ver los éxitos antes de tiempo, y ahí empiezan las
presiones, las frustraciones y en muchos casos, los abandonos prematuros. Por
no hablar del dopaje. Para evitarlos, es conveniente centrar la atención en la
tarea y en el presente, revisando lo que se hace y lo que se puede mejorar. Los
resultados vendrán después.
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