EAR psicólogos

24 de agosto de 2017

LA PACIENCIA EN EL DEPORTE BASE

Foto sacada de www.mindalia.com


Cuando vemos las victorias de Mireia Belmonte, Carolina Marín, Rafa Nadal o cualquier otro deportista exitoso nos genera cierta envidia incluso llegando a fantasear en querer ser ellos. No obstante, cuando te adentras en su día a día y conoces las horas de entrenamiento que realizan, las dietas que tienen que mantener, las grandes ausencias fuera de casa, en definitiva, los sacrificios, se te quitan las ganas de convertirte en ellos. Y es que a todos nos gusta destacar en algo pero nos cuesta más esforzarnos en conseguirlo.

En mi opinión, este es uno de los aspectos más cruciales en el deporte base actual. Los chicos y chicas quieren emular a sus ídolos deportivos: ser igual de buenos, llevar el mismo peinado, tener los mismos coches…. Pero cuando ven que detrás de eso hay mucho esfuerzo y trabajo, no todos están motivados para hacerlo. De hecho, ¿cuántos chicos y chicas, al comenzar la adolescencia empiezan a plantearse dejar su carrera deportiva en favor de quedar más con sus amigos?

En este sentido, es importante que desde pequeños se transmitan expectativas realistas: no todas las jóvenes promesas llegan a ser grandes profesionales del deporte. Para ello, es necesario que, como hablamos en artículos anteriores, el entorno más cercano del joven deportista sea realista. Entrenadores, directores deportivos… tienen que ser prudentes a la hora de hablar con los padres y con los propios deportistas ya que luego llegan las frustraciones y los desengaños. Así ¿cuántos padres y madres, después de haber invertido tiempo, dinero y esfuerzo en la carrera deportiva de sus hijos empiezan a desesperarse porque no llegan los resultados?

Las expectativas realistas son fundamentales. Pero ¿qué son las expectativas? 

13 de junio de 2017

Características del deportista: LA RESILIENCIA

Foto sacada de www.marca.com
Aún con las imágenes en la retina de un Rafa Nadal imparable hacia su décimo Roland Garros, retomamos los posts con este nuevo artículo sobre una de las características de los deportistas más desconocida pero quizás más necesaria: LA RESILIENCIA.

Pero, ¿qué es la resiliencia?
El término resiliencia procede del latín resilio, que significa volver atrás, volver de un salto, rebotar (Kotliarenco, Cáceres y Fontecilla, 1997). En el campo de la Física e Ingeniería Civil se denomina resiliencia a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. En las ciencias sociales, se empezó a hablar de este término a raíz de que varios estudios encontraron que algunos niños, que habían pasado por situaciones extremas o traumáticas en su infancia (ej: abandono, maltrato, hambruna, etc.) no desarrollaban problemas de salud mental, abuso de drogas o conductas criminales de adultos.

De acuerdo con esto, se define la resiliencia como aquellas habilidades personales que permiten a un individuo un funcionamiento saludable o la adaptación a un contexto adverso o  acontecimiento disruptivo en la vida diaria (Connor y Davidson, 2003; Luthar Cicchetti y Becker, 2000; Masten y Obradovic, 2006). Schiera (2005) la define como una característica observada en ciertos individuos, que les permite superar, resistir y afrontar las situaciones vitales adversas de una forma más eficaz y con más recursos que la mayoría de las personas.

Esta cualidad se adquiere de forma natural a lo largo del desarrollo, en función de procesos sociales e intrapsíquicos, formando parte, por tanto, de un proceso dinámico multifactorial y global que conlleva adaptarse a las circunstancias del entorno a las que los sujetos se enfrentan (Connor y Davidson, 2003; Fletcher y Sarkar, 2012; Hosseini y Besharat, 2010; Luthar, Cichetti y Becker, 2000).

Desde hace un par de décadas, el mundo de la Psicología deportiva ha empezado a centrarse en el estudio de la resiliencia en los deportistas, y es que a lo largo de una carrera deportiva aparecen muchos momentos duros: lesiones, pocos minutos jugados, presión por ser siempre el mejor,…; que han de ser afrontados y superados. Así, cada vez son más las investigaciones que analizan la relación entre resiliencia y rendimiento deportivo (Gucciardi, Gordon y Dimmack, 2009; Hosseini y Besharat, 2010; Martin-Krum, Sarrazin, Peterson, y Famose, 2003; Yi, Smith y Vitaliano, 2005, De la Vega, Rivera y Ruiz, 2011).

A este respecto, los  dos últimos años de Rafa Nadal nos permiten ejemplificar la importancia de la resiliencia en los deportistas y su influencia en el rendimiento deportivo. Después de ser número 1 de la ATP, a finales de 2014, Nadal encadenaba varios problemas de salud (lesiones, apendicitis…) que le impedían acudir a varios torneos y a los que acudía, mostraba un  rendimiento que no era acorde a lo esperado, cayendo en 2016 a la novena posición en el ranking ATP. Durante este tiempo, muchas eran las dudas, preocupaciones y rumores sobre el futuro del jugador. Pero, es justamente, en ese momento en el que nada sale como uno quiere, cuando se tiene que ser resiliente. Y Rafa lo fue.

Pero ¿en qué consiste ser una persona resiliente?

18 de septiembre de 2015

Emociones negativas en el deporte: ¿pueden ser beneficiosas?: España- Francia de baloncesto.

Foto sacada de https://twitter.com/baloncestofeb
Han pasado ya algunas horas desde la victoria de España frente a Francia en la semifinal del Eurobasket 2015, y todavía me embarga un estado de alegría y satisfacción enorme. Partidos como los de ayer hacen que todo un país se vuelque con este deporte de la canasta, que personalmente me resulta tan apasionante. En los medios de comunicación y entre los aficionados españoles se resaltaba el sentimiento de revancha por derrotas pasadas, algunas bastante hirientes (recordemos la eliminación de nuestra selección en el Mundial disputado el año pasado en casa). Y, que mejor escenario para poder resarcirse de esa herida que eliminarles a domicilio.

Pero, ¿realmente estas cuestiones pueden influir en el rendimiento de los deportistas?
En mi opinión sí. Cada campeonato, cada partido, incluso cada jugada se ven influidos por la historia pasada. Así, cuando afrontamos una situación que es similar a otra del pasado, tendemos a revivir las sensaciones y emociones sentidas en ese momento. De tal manera que si jugamos contra un equipo que en el pasado le hemos ganado con facilidad, reexperimentamos las emociones positivas vividas, favoreciendo que vengan a nuestra mente pensamientos positivos y en consecuencia, nuestro grado de confianza aumente. De la misma forma, podríamos pensar que al jugar contra un equipo que en el pasado nos ha ganado, las emociones negativas revividas favorecerían la aparición de pensamientos negativos, pero esto no siempre es así. Y es que, para saber cómo afectan las emociones a los pensamientos es necesario saber cómo se generan.

¿Por qué sentimos las emociones que sentimos?
Según las Teorías del Appraisal, las emociones surgen de la evaluación que realizamos del entorno en el que nos encontramos, y en función de la misma, tendemos a actuar de una manera u otra. Las investigaciones realizadas al respecto tratan de identificar los factores o criterios que se tienen en cuenta para realizar esa evaluación que da origen a las diferentes emociones. Smith y Ellsworth (1985) identificaron las 6 dimensiones cognitivas que, según Lerner y Keltner (2000) mejor definen los patrones de valoración subyacentes a las diferentes emociones: a) Agradabilidad: se refiere a la valencia positiva o negativa de la emoción que genera la situación; b) Certeza: grado de seguridad de que se produzca la situación; c) Control sobre la situación: grado en que las personas sienten que la situación está bajo su control, el de otros o el de las circunstancias; d) Atención: grado en el que las personas están motivadas a centrar su atención en la situación; e) Esfuerzo anticipado: en qué medida las personas consideran que tienen que esforzarse en esa situación y f) Responsabilidad de uno/otros: grado en el que consideran que la situación es debida a otros o a ellos mismos.

Cada emoción puede ser definida por las dimensiones centrales que caracterizan su significado central (Smith y Ellsworth, 1985). Por ejemplo, las dimensiones certeza, control de la situación y responsabilidad son centrales para distinguir el enfado de otras emociones negativas. De tal manera que se siente enfado cuando la persona considera que la situación negativa está bajo su control, es responsabilidad de otros y tiene certeza sobre lo que pasa. Sentiría culpa si la persona considera que él/ella es el responsable de esa situación negativa. Y sentiría miedo si considerara que la situación negativa no está bajo su control y no tiene certeza de lo que ocurre.

Teniendo en cuenta esto, ¿qué creéis que sintieron el año pasado los jugadores de la selección española después de perder en casa contra Francia? ¿Rememorar esas emociones pudo beneficiarles en el partido de ayer?

Según Lerner y Keltner (Teoría de la Tendencia de valoración, 2000; 2001) las valoraciones asociadas a cada emoción activan una predisposición cognitiva llamada “tendencia de valoración”, que lleva a los individuos a evaluar un evento posterior de manera consistente con las apreciaciones fundamentales que caracterizan la emoción. De tal manera que al revivir ciertas emociones, la evaluación de eventos futuros se ven influidas por las valoraciones asociadas a esas emociones revividas. Pongamos el partido de ayer como ejemplo para clarificarlo. Imaginemos que los jugadores del equipo español sintieran el año pasado enfado y culpa por la derrota ante Francia y que, al volver a enfrentarse a ellos este año, re-experimentaran esas emociones. De acuerdo con esta teoría, las valoraciones asociadas a esas emociones (alto control y certeza de la situación) influirían en la forma de afrontar el nuevo enfrentamiento, de tal manera que los jugadores sentirían más confianza en sus posibilidades que si hubieran re-experimentado miedo (ej: porque consideraran que las derrotas anteriores fueron debidas a cosas incontrolables como arbitrajes o superioridad del rival, etc.). De acuerdo con esto, las emociones negativas no siempre perjudican el rendimiento, por lo que es conveniente ser más precisos a la hora de identificar las emociones de nuestros deportistas para conocer su efecto sobre el rendimiento futuro. En ese sentido, hay que señalar que no hemos tenido en cuenta el componente motivacional de las mismas que también es muy relevante, así, por ejemplo, la culpa nos impulsa a reparar el daño que hayamos podido causar; pero esto será motivo de otro post.  

19 de agosto de 2015

El ENTORNO DEL DEPORTISTA ¿ayuda o perjudica?

Entorno_deportista

En muchas tertulias y conversaciones con amigos, familiares… suele salir el tema de la prepotencia y altanería de algunos deportistas. Si bien muchas personas conocidas y no conocidas, famosas y no famosas tienen estas características, parece que nos incomoda en mayor medida que ocurra con deportistas que, en muchos casos, admiramos.

¿Por qué? Pues porque consideramos que el deportista, por el mero hecho de practicar deporte, está impregnado de los valores que se asocian a esta actividad: humildad, honestidad, generosidad, etc. Nos dejamos llevar por un sesgo cognitivo denominado efecto halo, que consiste en que a partir de una sola característica (en este caso, positiva) valoramos el resto. De tal forma que si sabemos que una persona practica deporte, asumimos que además, tiene hábitos saludables, valores adecuados, etc. y esto, no siempre ocurre. Así, nos encontramos con deportistas que se dopan, se drogan, tienen problemas con el fisco,….

Estos casos nos abren los ojos y nos muestran que los valores, al igual que los conocimientos y habilidades, han de transmitirse de forma consciente y adecuada, y no dejarlos a la suerte. Es en este punto, donde el entorno cercano al deportista (entrenadores, compañeros y familiares) adquiere un papel fundamental ya que, en función de sus actuaciones, el deportista adquirirá unos valores adecuados o inadecuados.

Piensa por un momento que tienes 19 años y que has conseguido un éxito deportivo importante. A partir de ahí, empiezas a firmar contratos publicitarios relevantes, la afición te para por la calle para pedirte autógrafos y hacerse fotos contigo, tienes miles de seguidores en las redes sociales, te hacen entrevistas en televisiones y radios, asistes a eventos de gran relevancia social... Todo el mundo habla maravillas de ti: eres de otra dimensión, estás haciendo historia, etc. ¿Qué pensarías? ¿Creerías que eres el/la mejor?

Las respuestas a estas cuestiones dependerán de lo que piense el entorno de ese deportista. Si entrenadores y familiares se dejan llevar por las consecuencias positivas del éxito, es decir, por los refuerzos materiales y sociales (todos extrínsecos a la práctica deportiva), el joven deportista también lo hará. En cambio, si entrenadores y familiares valoran lo conseguido, pero enseñan al deportista que esas consecuencias son efímeras (e.g., como en el anuncio: no es lo que tengo, es lo que soy) y que lo importante es el trabajo, el esfuerzo y la satisfacción personal, el joven deportista se centrará en los aspectos intrínsecos del deporte. Y es que, las creencias, expectativas y valores están influidas por las personas que nos rodean, especialmente, por aquellas que son personalmente relevantes para nosotros. En el caso de los deportistas, suelen ser principalmente, entrenadores y familiares.

17 de julio de 2015

Características del deportista: LA PERSEVERANCIA

Perseverancia en el deporte


Uno de los aspectos que más solemos trabajar en Psicología deportiva es el cambio de actitud en la pista o campo. Normalmente son los padres u otros familiares quienes se quejan de la actitud que presentan los deportistas, y es que desde fuera es más sencillo darse cuenta de ello. Tenistas que ante un fallo importante se enfadan y tiran la raqueta, golfistas que van haciendo aspavientos y quejándose durante el recorrido de un hoyo después de meter la bola al agua, jugadores de basket que al llevar el marcador en contra, se centran en la actuación del árbitro, etc. En definitiva, actitudes que dificultan el estar centrado en la tarea, proporcionan información valiosa a los rivales sobre el estado anímico en el que se encuentra el deportista, pero, sobre todo, que inciden negativamente en el mantenimiento del esfuerzo, favoreciendo que, en algunos casos, el deportista llegue a tirar el partido o competición. En este contexto, es necesario hacer ver a los deportistas que lo malo no es cometer fallos sino dejar de esforzarse para superarlos.

Si bien en el ámbito de la Psicología y más concretamente de la motivación se ha hablado mucho de la importancia de marcarse metas realistas, concretas, medibles, etc., así como de las acciones que hay que llevar a cabo para conseguirlas, se ha tratado menos el mantenimiento del esfuerzo, es decir, la perseverancia de los deportistas. Por tal motivo, en este post vamos a profundizar más en este aspecto de la motivación tan importante en el deporte y, en general, en la vida.

La perseverancia consiste en mantener una conducta a pesar de la ausencia o baja frecuencia de una recompensa. Así, un tenista será perseverante cuando intente llegar a todas las bolas aunque no lo consiga en todas las ocasiones; un golfista será perseverante si al golpear cada bola se centra en llevarla por el recorrido marcado, aunque no siempre lo consiga; los jugadores de baloncesto serán perseverantes si luchan por cada balón en defensa, aunque no consigan robarlo en todas las jugadas. De esta forma, la perseverancia aumenta la resistencia a los efectos negativos de la ausencia de recompensa deseada.

Pero ¿cómo mejorar la perseverancia de un deportista?

16 de junio de 2015

OBJETIVO: PROGRESAR, no volver al pasado

En los últimos meses, mucho se está hablando de la situación de Rafa Nadal. Fundamentalmente las noticias se centran en la importancia de recuperar posiciones en el ranking de la ATP; de ganar torneos o a rivales otrora ganados o superados; de recuperar el ritmo de juego… En otras palabras, se valora el rendimiento actual en función del obtenido en el pasado, en vez de analizar qué factores en el presente están favoreciendo o perjudicando el rendimiento del deportista. Esta continua vuelta al pasado dificulta el progreso, ya que dirige la atención del deportista a hechos pasados en vez de al momento presente, impidiendo que se centre en la tarea (ej: no tenía que haber fallado esa bola, si la hubiera metido iríamos en el marcador arriba, etc). En este sentido, los psicólogos deportivos solemos hacer mucho hincapié en que los deportistas no se anclen en el pasado, hecho que ocurre con frecuencia cuando cometen un error (ej: tenista que se queda en la doble falta cometido; golfista que se queda con el triple bogey cometido en el hoyo anterior….). En estos casos, es importante recordarles que el error cometido no se puede cambiar, no tienen control sobre él, pero si sobre su ejecución actual.

Pero la vuelta al pasado no sólo afecta a la atención, también influye en el estado emocional del deportista. Pero ¿cómo?

Los deportistas con una trayectoria llena de éxitos suelen generar altas expectativas de alcanzar el éxito. Tanto su entorno (medios de comunicación, afición, familiares, entrenadores,…) como ellos mismos consideran que la probabilidad de conseguir buenos resultados es alta. Cuando el rendimiento y los resultados no se ajustan a las expectativas generadas, se produce un desajuste en el deportista, que conlleva una elevación del nivel de activación (normalmente, siente enfado o ira) y una evaluación cognitiva cuyo objetivo es intentar resolver ese desajuste. En otras palabras, el deportista trata de analizar las razones que han motivado ese resultado. Si identifica las causas de ese mal resultado y son debidas a aspectos que quedan bajo su control, es decir, a su rendimiento (ej: mala ejecución de gestos técnicos, estar descentrado, estar en baja forma, etc), el deportista se siente aliviado ya que puede modificar en el futuro esa situación. Por el contrario, cuando no es capaz de identificar las causas o son debidas a aspectos ajenos a él, no debidos a su rendimiento (ej: el rival es muy superior a él, el árbitro ha tenido la culpa, etc), el deportista puede sentirse frustrado y enfadado ya que no tiene control sobre la situación y, por tanto, no puede modificarla.

Si los malos resultados continúan en el tiempo, el deportista empieza a sentirse presionado: anticipa las consecuencias negativas de un nuevo mal resultado (ej: no puedo fallar otra vez; si no me meto en semifinales caigo en el ranking, voy a defraudar a mi gente, ¿por qué no soy el de antes?…), lo que produce un incremento de su nivel de ansiedad y, en consecuencia, disminuye su rendimiento (Ver ansiedad deportiva) lo que normalmente se traduce en un mal resultado. En definitiva, se produce el fenómeno conocido como profecía autocumplida (la creencia de que se va a obtener un mal resultado, directa o indirectamente lleva su propio cumplimiento).

¿Cómo parar la profecía autocumplida?

En esta situación, al igual que cuando el deportista se ancla en un error cometido en el pasado, es necesario ayudarle a refocalizar su atención. Lo importante no es lo que hizo en el pasado (fallo o acierto) si no lo que está haciendo en el presente, por tanto, es necesario que deje atrás el pasado y dirija la atención al momento actual, estableciendo nuevas expectativas que se ajusten a la realidad del momento. De esta forma, disminuirá su grado de presión, por lo que el rendimiento mejorará y probablemente los resultados también acompañen. Paralelamente, el grado de satisfacción irá aumentando a medida que vaya cumpliendo las nuevas expectativas e igualmente irá aumentado su grado de autoconfianza, aspectos que favorecen el rendimiento. En definitiva, los objetivos marcados han de dirigirse al futuro partiendo de la situación actual y no referirse a la recuperación de logros pasados.

14 de mayo de 2015

Psicología deportiva y Golf: ATENCIÓN Y CONCENTRACIÓN


Al igual que hemos hecho en otros artículos, vamos a profundizar en el conocimiento de una determinada habilidad psicológica a través de un deporte concreto. En esta ocasión, hemos elegido el golf para hablar de la atención y de la concentración, ya que este deporte requiere que los golfistas sepan regular su nivel de atención en función del momento del partido. De tal manera que el golfista ha de estar muy concentrado al ejecutar los golpes y no tanto, en los períodos entre golpe y golpe.

Pero ¿qué es la atención?

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, es la capacidad del ser humano para seleccionar algunos estímulos y responder a ellos, prescindiendo de los demás. Si bien existen varios tipos, en el golf, se ponen en juego fundamentalmente dos: la atención focalizada o concentrada y la atención sostenida. La primera se refiere a la capacidad de centrar la atención en un estímulo relevante (ej: la bola, el banderín, etc.) y la segunda, a la capacidad de mantener la atención en un determinado estímulo durante un tiempo. En este sentido, hay que señalar que las competiciones de golf son muy largas (aproximadamente unas cinco horas), por lo que resulta muy difícil mantener un nivel de concentración alto durante todo el partido y además, puede resultar innecesario e incluso perjudicial. De hecho, en el golf, existen momentos del partido donde no es necesario que el jugador esté concentrado al 100%, por ejemplo, cuando camina por el hoyo para realizar el próximo golpe. Si el jugador mantiene al 100% sus recursos atencionales en estas situaciones, tendrá un desgaste mental que puede perjudicarle en los momentos claves, donde sí es necesario estar concentrado al 100%, como es durante la ejecución del golpe. Por tanto, es conveniente explicar a los golfistas la importancia de gestionar adecuadamente sus recursos, enseñándoles a identificar las situaciones donde tienen que emplearlos y aquellas donde no es tan necesario. De esta forma, aprenderá a optimizar sus recursos, evitando un desgaste mental.

Pero ¿cómo optimizar los recursos atencionales?

8 de abril de 2015

Mi hijo/a es deportista ¿cómo puede compaginar el deporte con los estudios?


Sin duda este es uno de los temas que más suelen preocupar a los padres de los jóvenes deportistas, y por ende a sus entrenadores, que a medida que pasa la temporada ven como su plantilla va disminuyendo por culpa de los malos resultados en los estudios. Y es que muchos padres quitan a sus hijos de la práctica deportiva en aras de mejorar su rendimiento académico, cosa que, en muchos casos, no funciona.

¿Por qué? Pues porque el bajo rendimiento académico en estas situaciones, normalmente no tiene que ver con tener más o menos tiempo para estudiar, sino con cuestiones relacionadas con la motivación. Frases como “para que voy a estudiar si yo me quiero dedicar al fútbol”, “si no llego a la élite, me hago monitor y ya está”, “mira a tal o cual jugador, no tiene estudios y gana una pasta” suelen ser el origen del mal rendimiento académico de algunos deportistas.

En este punto, resulta necesario sensibilizarles sobre la importancia de tener una buena formación académica para su futuro profesional. En primer lugar, porque no todos los deportes tienen el mismo nivel de profesionalización, por lo que en muchos casos, los deportistas de élite tienen que compaginar su carrera deportiva con un empleo. Un ejemplo de esto es Saúl Craviotto que, a pesar de ser medallista olímpico en piragüismo, tiene que compaginar su carrera deportiva con su profesión de policía. En segundo lugar, porque la carrera deportiva suele ser muy corta, de tal manera que, un deportista, en el mejor de los casos, suele retirarse con 35-36 años, quedándole otros 30 años en los que tiene que desempeñar otras labores antes de jubilarse, y si no ha planificado esa etapa puede resultarle traumática (ver post sobre la retirada deportiva). En tercer lugar y no por ello menos importante, no todas las jóvenes promesas llegan a la élite deportiva, por lo que si no tienen una formación académica adecuada su inserción en el mercado laboral se complica considerablemente.

6 de marzo de 2015

La comunicación no verbal en el deporte



En la actualidad, uno de los temas más tratados en cualquier ámbito de la gestión de personas es la comunicación. De hecho, muchos denominan a la etapa que estamos viviendo la era de la comunicación. Los móviles, Internet, los servicios de mensajería instantánea,… son elementos que nos acercan a otras personas, pero paradójicamente cada vez nos comunicamos peor.

En el mundo del deporte (fiel reflejo de la sociedad actual) ocurre lo mismo. Así cuando un entrenador tiene que dirigirse a un jugador o un deportista, se comunica a través de mensajes en vez de hacerlo presencialmente, y esto, genera problemas de comunicación.

¿Por qué?
Porque los mensajes escritos no facilitan toda la información necesaria para establecer una buena comunicación, dejan atrás todo lo relacionado con las motivaciones, actitudes y estados emocionales de los interlocutores; y cuando no tenemos toda la información, la inferimos, pero en base a nuestras percepciones, es decir, la interpretamos a nuestra manera y ahí, vienen los fallos en la comunicación. Pensemos ¿cuántas veces hemos tenido problemas con alguien cercano porque no ha interpretado igual que nosotros un mensaje que le hemos enviado? Y es que alrededor del 80% de la información que recibimos se debe a la comunicación no verbal, y los mensajes, a pesar de los famosos emoticones, carecen de ella. Además, es más fiable ya que tiene menos probabilidades de hallarse bajo control consciente y por tanto, es más difícil manipularlo o disimularlo. Por contra, también es más difícil interpretarlo, por lo que es conveniente siempre tener en cuenta el contexto.

Pero ¿cuáles son los elementos de la comunicación no verbal?

30 de enero de 2015

La retirada de los deportistas profesionales ¿y ahora qué?


Después de varios años obteniendo éxitos, recibiendo halagos y reconocimientos, firmando autógrafos, haciendo entrevistas, etc. llega un día en que el deportista se levanta y todo eso ha desaparecido. Se retira de su modalidad deportiva y ya no hay aplausos, no hay llamadas para pedir entrevistas, la gente ya no le para por la calle para hacerse una foto o pedirle un autógrafo… el deportista pasa de ser el centro de todas las miradas a ser casi invisible.

Y es que la retirada deportiva no sólo es dejar de practicar el deporte a alto nivel, conlleva una serie de cambios que, si no son asimilados, pueden tener consecuencias muy negativas para el deportista (e.g., a nivel social, emocional, personal, familiar, económico,…). Pongámonos en situación: En la mayoría de deportes, la retirada se produce a lo largo de la treintena (33- 36 años aproximadamente). En esta etapa, una “persona normal” está comenzando a estabilizar su vida laboral, económica y familiar; en cambio, el deportista se “está jubilando”, tiene que volver a empezar de cero. Además, pasa de no tener tiempo para casi nada, ya que, la mayor parte de su vida, se ha centrado en su deporte y en lo que éste conllevaba (i.e., entrenamientos, competiciones, viajes, concentraciones, etc.) a tener todo el tiempo del mundo… Su rutina de vida cambia, pero también para la pareja y el resto de la familia.

En definitiva, la retirada es un proceso transitorio en el que el deportista ha de adaptarse a todos los cambios que se producen en su vida. Y esto, posiblemente, sea uno de los mayores problemas a los que se tiene que enfrentar cualquier deportista. Sobre todo, porque es algo inevitable. Seas quien seas, ese momento llega y hay que estar preparado para ello.

No obstante, no todas las retiradas deportivas son iguales. Hay algunas que son más traumáticas que otras, ¿de qué depende? Fundamentalmente, del motivo que lo precipita. Varios autores han señalado que la retirada puede ser:
  • Voluntaria o involuntaria (Alfermann, 2000; Webb, Nasco, Riley y Headrick, 1998). Así no es lo mismo que el deportista considere que ha llegado su hora (e.g., bien porque ya no disfruta igual, porque no llega al nivel esperado, etc.) a que tenga una lesión que le impida continuar.
  • Planificada o no planificada (Alfermann, Stambulova y Zemaite, 2004). De forma similar, no es lo mismo que sea el deportista quien decida cuando retirarse (e.g., “cuando cumpla el contrato en este club, me retiro”; “después de este campeonato, lo dejo”, etc.) a que sean otros (e.g., decisión del entrenador, del club, de la familia, etc.).
  • Deportiva o no deportiva (Cecic, Erpic, Wylleman y Zupancic, 2004). Es decir, si existen motivos extradeportivos que puedan motivar la retirada (e.g., enfermedad, decisión familiar, etc.) o son meramente deportivos (e.g., no estar al nivel deseado, falta de motivación, etc.).

De acuerdo con esta clasificación, cuanto mayor control tenga el deportista sobre su retirada (i.e., que sea voluntaria y planificada), mejor será su adaptación. En cambio, cuanto menor control tenga (i.e., involuntaria y no planificada) más difícil será la adaptación.

Pero ¿cómo es ese proceso de transición?