EAR psicólogos

16 de abril de 2011

La influencia de los padres en la motivación de los deportistas.



La motivación es el motor que nos mueve y dirige a realizar acciones. Un deportista motivado es aquel que se plantea un objetivo y se esfuerza en conseguirlo (e.g., uno quiere ser el mejor en la clasificación, otro quiere tener más presencia en competición, etc.).

Estos objetivos pueden ser de resultado (e.g., ser el número uno en la clasificación) o a la ejecución (e.g., mejorar un aspecto técnico, la condición física, etc.). Cuando un deportista se plantea un objetivo de resultado no tiene control total sobre ello. Su actuación puede ser muy buena pero la del rival mejor y, por tanto, no conseguir la victoria. El deportista se ha esforzado por conseguir ese objetivo y no lo ha conseguido. La razón: no controlaba todos los aspectos (hay otros deportistas que lo han hecho mejor). Esta situación no sólo no motiva, sino que puede disminuir la ya existente.
Por el contrario, es conveniente que los deportistas se planteen objetivos de ejecución ya que éstos dependen de su voluntad. Tienen control sobre ellos y por tanto, pueden conseguirlos a través del esfuerzo y el trabajo. Y cuanto mejor sea la ejecución más probabilidades habrá de obtener resultados.

Estos aspectos motivacionales son muy importantes sobre todo en formación base. En esta etapa, los padres juegan un papel muy relevante en el desarrollo motivacional del deportista, de los objetivos que se marque.


A través de sus comportamientos y actitudes, la motivación de sus hijos deportistas puede aumentar o disminuir.

Los padres que no acuden a ver los partidos de sus hijos, no les preguntan qué tal han jugado, o aquellos padres que sólo se centran en los resultados del equipo o del propio jugador, no sólo no potencian la motivación hacia el deporte de sus hijos sino que la disminuyen.

En el 1er caso, el desinterés de los padres contagia a los hijos, mostrándose cada vez más perezosos para acudir a entrenamientos y partidos. En otras palabras, favoreciendo el abandono de la práctica deportiva.

En el 2º caso, la presión por los resultados puede hacer que los jugadores ya no sientan diversión por jugar, lo importante es la victoria, haciendo que, poco a poco, pierda interés e igualmente abandone.

Este abandono prematuro de la práctica deportiva les permite tener más tiempo libre que, en muchas ocasiones, es ocupado con actividades menos saludables.

En cambio, asistir a los partidos, interesarse y preguntarles qué tal lo han hecho, felicitarles cuando han realizado una buena acción, animarles cuando las cosas no salen bien.... son acciones que si los padres las realizan pueden favorecer e incrementar la motivación por el deporte. Incrementando, de esta manera, la probabilidad de continuar con la práctica deportiva.


18 de diciembre de 2006

La visualización en el deporte

Son muchos los deportistas que, de forma intuitiva y ocasional, repasan mentalmente los movimientos técnicos propios de su deporte, intentando encontrar los errores que cometen para eliminarlos, o analizan mentalmente el juego de los rivales para decidir la táctica a utilizar en un partido. Sin embargo, para que los resultados de la práctica imaginada sean efectivos, no basta con realizar este tipo de ensayo mental de forma intuitiva y ocasional, sino que debe ser practicada de forma sistemática.


La práctica imaginada no sólo conlleva la percepción más o menos nítida de las imágenes, sino también la percepción de los sonidos propios de los entrenamientos y las competiciones, las sensaciones táctiles de los elementos con los que interaccionan (como en nuestro caso, la raqueta de tenis) y las sensaciones de sus movimientos, e incluso las emociones que tienen, ya que con ello conseguimos que lo que el deportista imagina sea lo más parecido posible a lo que siente cuando practica su deporte.

Las imágenes son representaciones mentales de hechos que han llegado al cerebro a través de los sentidos. La imaginación es la capacidad cognitiva cuya función es elaborar representaciones de objetos, situaciones o actividades y reproducirlas cuando han dejado de estar presentes. Centrarnos en todos los sentidos. Nuestro cerebro guarda en la memoria las imágenes de lo que hemos visto, oido, gustado, olido, tocado o percibido por otros aparatos sensoriales, como el dolor, la presión sobre un órgano, etc. Basta que nuestro cerebro las evoque para que se activen todos los circuitos neuromusculares que intervinieron en su captación y codificación. Así, una persona que se imagina que su brazo está extendido se vuelve rígido y fuerte, notará que el efecto de rigidez se ha producido. Si, por el contrario, se imagina que su brazo se relaja, su brazo se torna flexible y relajado. El secreto es muy simple: lo que ejecutan todas y cada una de las partes del organismo se realiza, sin excepción, mediante órdenes recibidas del cerebro. Si nuestro cerebro no interviene, ninguna actividad fisiológica ni psicológica tendrá lugar.

Nuestra imaginación no sólo es capaz de reproducir cosas observadas o situaciones experimentales o percibidas, sino que también puede crear hechos nuevos en nuestra mente. Aunque nuestra imaginación es fundamentalmente un producto de nuestra memoria, nuestro cerebro es capaz de colocar juntas piezas que pertenecen a cosas distintas y de formas diversas. Podemos así construir nuevas imágenes combinando de infinitas formar los elementos pertenecientes a numerosas imágenes archivadas en la memoria. Algunas utilidades de la práctica de esta técnica son: mejorar un movimiento o gesto técnico, ensayo mental de un partido (entras más concentrado), practicar destrezas dominadas, controlar los progresos, controlar las emociones, recuperarse de las lesiones, etc.