EAR psicólogos

23 de abril de 2022

Beneficios psicológicos de la actividad física y deportiva: ¿cómo mejora nuestro estado emocional?

Siguiendo con la línea ya señalada en el artículo de agosto de 2014, la actividad física y deportiva no sólo presenta beneficios para los aspectos cognitivos, sino que también puede ser un gran regulador de nuestro estado de ánimo. 

En este sentido, son muchas las investigaciones realizadas al respecto, en las que se pone de manifiesto que la actividad física y deportiva mejora la autoestima, la percepción corporal, la disminución de emociones negativas como el estrés, la ansiedad, la depresión y el cansancio (De Miguel, Schweiger-Gallo, Mozas-Majano y Hernández-López, 2011; Reynaga-Estrada, Arévalo, Verdesoto, Jiménez, Preciado y Morales, 2016; Reynaga- Estrada, 2011). Algunos de estos beneficios también se han encontrado en poblaciones específicas como son las personas mayores de 65 años o mujeres con cáncer de mama. Con respecto a los primeros, se ha encontrado una relación positiva entre autoestima y actividad física (Silva y Mayán, 2016) y, estos efectos no solo se producen por modificaciones fisiológicas de la práctica física sino también a la motivación psicosocial y al impacto del entorno próximo (Molloy, Beerschoten, Borrie, Crilly y Cape, 1998). Con respecto a las segundas, el estudio desarrollado por Guil, Gil-Olarte, Guerrero y Mestre (2017) muestra que las mujeres con cáncer de mama que realizan ejercicio físico, presentan menores niveles de ansiedad y depresión, así como mayores niveles de satisfacción con la vida, optimismo disposicional y resiliencia. 

Pero, ¿por qué el ejercicio físico y la práctica deportiva son buenos para mejorar nuestro estado emocional? 

Una primera explicación y, la más conocida, tiene que ver con las modificaciones fisiológicas que produce la práctica deportiva.

Para explicarlo, haremos una breve introducción sobre las respuestas afectivas. Dentro de la perspectiva dimensional de las mismas, el modelo de Russell (1980) es el más utilizado y afirma que las respuestas afectivas pueden definirse según dos dimensiones independientes: valencia y activación. Siendo la valencia el grado de placer que se genera ante un estímulo y la activación, el grado de energetización o tensión que prepara para la acción. 

La activación se manifiesta a través de la estimulación del SNA, de tal manera que cuando estamos muy activados, nuestro pulso cardíaco se acelera, la respiración se entrecorta, la tensión muscular aumenta…..Estos parámetros pueden verse modificados por ansiedad, estrés o cuando realizamos actividad física… La diferencia es que en los primeros casos, la acción a realizar no está definida…. Así unas personas pueden bloquearse y no “realizar ninguna acción”, otros pueden estallar y liberar esa tensión de forma agresiva o inadecuada…. Por el contrario, en la actividad física la acción si está definida… ya sea correr, nadar, saltar…. Por tanto, la activación, que permite preparar el cuerpo para actuar, se gasta al realizar la acción, es decir, la actividad física, liberándose y no quedándose acumulada en el organismo o siendo motivo de un problema mayor (discusión, agresión….). Por ello, es importante que cuando uno está excesivamente activado, gaste ese sobrante de energía a través de la actividad física y así conseguir reducir el nivel de activación. 

Pero, además, el ejercicio físico influye en la dimensión valencia. De hecho, son múltiples los estudios donde se pone de manifiesto que la realización de ejercicio físico puede aumentar la segregación de endorfinas, que son unas sustancias químicas, pertenecientes al grupo de “opioides endógenos” que generan una sensación de placer y disminución de la fatiga y el dolor. En otras palabras, la realización de ejercicio físico puede actuar sobre la dimensión valencia (positivo- negativo). 

No obstante, habría que señalar otros aspectos que aunque no sean tan directos sobre el estado de ánimo, también pueden regularlo. Estos aspectos tienen que ver con la motivación, la percepción corporal…. 

El término motivación proviene del verbo latín movere, que significa “moverse”, “poner en movimiento” o “estar listo para la acción”. De acuerdo con esto, a través del movimiento y del ejercicio físico podemos conseguir que una persona mejore su motivación, tenga unas metas que cumplir, y que si, además están bien formuladas en objetivos, dicha persona pueda, si los consigue, mejorar su nivel de autoeficacia (valoración que hacemos sobre nuestra capacidad para desarrollar una acción) así como su autoestima (valoración que hacemos sobre nosotros mismos). Aspectos fundamentales para trabajar, por ejemplo, en personas con depresión. 

Por otro lado, la realización continuada de ejercicio físico mejora la condición y el aspecto físico. La mejora de la percepción corporal está muy relacionada con la autoestima y, por tanto, con el ánimo. Cuanto mejor nos vemos, más nos valoramos y, de esa manera, más contentos estamos. 

Si bien parece claro que el ejercicio físico y la actividad deportiva pueden resultar beneficiosos para mejorar nuestro bienestar personal, hay que señalar que es necesario que dicha actividad esté supervisada por profesionales del campo y que estén adaptados a la persona para sacar los máximos beneficios ya que si no, puede resultar ser contraproducente. En ese sentido, en otro post hablaremos de la influencia del deporte en la salud mental de los deportistas y la importancia de trabajarlo.

24 de noviembre de 2021

Características del deportista: El compromiso.

 

Foto sacada de www.laopinioncoruna.es/deportes/2011/06/14/

Después de un tiempo, retomamos la actividad del blog en la que hablamos de distintos aspectos relacionados con la psicología y el deporte. Y para comenzar esta nueva remesa de artículos, la entrada número 50 se va a centrar en la importancia de que el deportista se comprometa o implique en su proyecto deportivo, ya sea a nivel individual como grupal.

Todos aquellos aficionados al basket, recordarán aquel verano de 2007, cuando Jorge Garbajosa y la FEB hicieron lo imposible porque el jugador estuviera con la selección española en el Eurobasket que se celebraba en nuestro país.

Pero ¿qué entendemos por compromiso? Es la capacidad que tenemos las personas para tomar consciencia de la importancia que tiene cumplir con algo que previamente hemos acordado. En el ámbito deportivo, es la disposición psicológica que hace que un sujeto persista o se mantenga en la actividad deportiva que desarrolla.

Según Mañas, Salvador, Boada y Agulló (2007), el compromiso comprende tres dimensiones: 

a)    Emocional: relacionada con el grado de identificación de los deportistas. Se logra cuando se satisfacen las necesidades individuales y se cubren las expectativas;

b)    De pertenencia: indica la necesidad de los deportistas de continuar su práctica deportiva o continuar con su club, y tiene que ver con los costes percibidos que supone su abandono;

c)    Normativa: se refiere a una obligación percibida para permanecer en el deporte o en el club. Se basa en las reglas recíprocas institucionales.

Todos estos aspectos cognitivo-emocionales constituyen variables que pueden influir en el fomento de la persistencia, el esfuerzo y la dedicación que requiere la práctica de un deporte, es decir, en la motivación.

En este sentido, algunos estudios (Andrew, 2011; Chu y Wang, 2012; Leo, Gomez, Sanchez, Sanchez y Garcia- Calvo, 2009; Usan, Salavera, Murillo y Megías, 2016) han puesto de manifiesto que la motivación intrínseca se relaciona positivamente con factores que promueven un mayor compromiso, como son el compromiso adquirido (en términos de persistencia en la actividad deportiva), diversión deportiva (placer individual que genera la actividad deportiva), inversiones personales en la participación en el deporte y oportunidades de implicación disponibles para su participación continuada. Estos factores son identificados por Scanlan et al. (2003) en su modelo de compromiso y vinculación con la participación deportiva.

De acuerdo con esto, para mejorar la motivación de un deportista sería conveniente favorecer el placer que siente con la realización del deporte, favorecer su implicación para mantenerse en ese deporte/ club así como favorecer la adecuación de la inversión personal realizada. No obstante, es necesario llevar a cabo más estudios que permitan profundizar en su conocimiento, así como la relación con otras variables como motivación, rendimiento, identificación de la afición…. para posteriormente poder trabajar sobre ellos con los deportistas que estén en período formativo, así como profesional. 

24 de agosto de 2017

LA PACIENCIA EN EL DEPORTE BASE

Foto sacada de www.mindalia.com


Cuando vemos las victorias de Mireia Belmonte, Carolina Marín, Rafa Nadal o cualquier otro deportista exitoso nos genera cierta envidia incluso llegando a fantasear en querer ser ellos. No obstante, cuando te adentras en su día a día y conoces las horas de entrenamiento que realizan, las dietas que tienen que mantener, las grandes ausencias fuera de casa, en definitiva, los sacrificios, se te quitan las ganas de convertirte en ellos. Y es que a todos nos gusta destacar en algo pero nos cuesta más esforzarnos en conseguirlo.

En mi opinión, este es uno de los aspectos más cruciales en el deporte base actual. Los chicos y chicas quieren emular a sus ídolos deportivos: ser igual de buenos, llevar el mismo peinado, tener los mismos coches…. Pero cuando ven que detrás de eso hay mucho esfuerzo y trabajo, no todos están motivados para hacerlo. De hecho, ¿cuántos chicos y chicas, al comenzar la adolescencia empiezan a plantearse dejar su carrera deportiva en favor de quedar más con sus amigos?

En este sentido, es importante que desde pequeños se transmitan expectativas realistas: no todas las jóvenes promesas llegan a ser grandes profesionales del deporte. Para ello, es necesario que, como hablamos en artículos anteriores, el entorno más cercano del joven deportista sea realista. Entrenadores, directores deportivos… tienen que ser prudentes a la hora de hablar con los padres y con los propios deportistas ya que luego llegan las frustraciones y los desengaños. Así ¿cuántos padres y madres, después de haber invertido tiempo, dinero y esfuerzo en la carrera deportiva de sus hijos empiezan a desesperarse porque no llegan los resultados?

Las expectativas realistas son fundamentales. Pero ¿qué son las expectativas? 

13 de junio de 2017

Características del deportista: LA RESILIENCIA

Foto sacada de www.marca.com
Aún con las imágenes en la retina de un Rafa Nadal imparable hacia su décimo Roland Garros, retomamos los posts con este nuevo artículo sobre una de las características de los deportistas más desconocida pero quizás más necesaria: LA RESILIENCIA.

Pero, ¿qué es la resiliencia?
El término resiliencia procede del latín resilio, que significa volver atrás, volver de un salto, rebotar (Kotliarenco, Cáceres y Fontecilla, 1997). En el campo de la Física e Ingeniería Civil se denomina resiliencia a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. En las ciencias sociales, se empezó a hablar de este término a raíz de que varios estudios encontraron que algunos niños, que habían pasado por situaciones extremas o traumáticas en su infancia (ej: abandono, maltrato, hambruna, etc.) no desarrollaban problemas de salud mental, abuso de drogas o conductas criminales de adultos.

De acuerdo con esto, se define la resiliencia como aquellas habilidades personales que permiten a un individuo un funcionamiento saludable o la adaptación a un contexto adverso o  acontecimiento disruptivo en la vida diaria (Connor y Davidson, 2003; Luthar Cicchetti y Becker, 2000; Masten y Obradovic, 2006). Schiera (2005) la define como una característica observada en ciertos individuos, que les permite superar, resistir y afrontar las situaciones vitales adversas de una forma más eficaz y con más recursos que la mayoría de las personas.

Esta cualidad se adquiere de forma natural a lo largo del desarrollo, en función de procesos sociales e intrapsíquicos, formando parte, por tanto, de un proceso dinámico multifactorial y global que conlleva adaptarse a las circunstancias del entorno a las que los sujetos se enfrentan (Connor y Davidson, 2003; Fletcher y Sarkar, 2012; Hosseini y Besharat, 2010; Luthar, Cichetti y Becker, 2000).

Desde hace un par de décadas, el mundo de la Psicología deportiva ha empezado a centrarse en el estudio de la resiliencia en los deportistas, y es que a lo largo de una carrera deportiva aparecen muchos momentos duros: lesiones, pocos minutos jugados, presión por ser siempre el mejor,…; que han de ser afrontados y superados. Así, cada vez son más las investigaciones que analizan la relación entre resiliencia y rendimiento deportivo (Gucciardi, Gordon y Dimmack, 2009; Hosseini y Besharat, 2010; Martin-Krum, Sarrazin, Peterson, y Famose, 2003; Yi, Smith y Vitaliano, 2005, De la Vega, Rivera y Ruiz, 2011).

A este respecto, los  dos últimos años de Rafa Nadal nos permiten ejemplificar la importancia de la resiliencia en los deportistas y su influencia en el rendimiento deportivo. Después de ser número 1 de la ATP, a finales de 2014, Nadal encadenaba varios problemas de salud (lesiones, apendicitis…) que le impedían acudir a varios torneos y a los que acudía, mostraba un  rendimiento que no era acorde a lo esperado, cayendo en 2016 a la novena posición en el ranking ATP. Durante este tiempo, muchas eran las dudas, preocupaciones y rumores sobre el futuro del jugador. Pero, es justamente, en ese momento en el que nada sale como uno quiere, cuando se tiene que ser resiliente. Y Rafa lo fue.

Pero ¿en qué consiste ser una persona resiliente?

18 de septiembre de 2015

Emociones negativas en el deporte: ¿pueden ser beneficiosas?: España- Francia de baloncesto.

Foto sacada de https://twitter.com/baloncestofeb
Han pasado ya algunas horas desde la victoria de España frente a Francia en la semifinal del Eurobasket 2015, y todavía me embarga un estado de alegría y satisfacción enorme. Partidos como los de ayer hacen que todo un país se vuelque con este deporte de la canasta, que personalmente me resulta tan apasionante. En los medios de comunicación y entre los aficionados españoles se resaltaba el sentimiento de revancha por derrotas pasadas, algunas bastante hirientes (recordemos la eliminación de nuestra selección en el Mundial disputado el año pasado en casa). Y, que mejor escenario para poder resarcirse de esa herida que eliminarles a domicilio.

Pero, ¿realmente estas cuestiones pueden influir en el rendimiento de los deportistas?
En mi opinión sí. Cada campeonato, cada partido, incluso cada jugada se ven influidos por la historia pasada. Así, cuando afrontamos una situación que es similar a otra del pasado, tendemos a revivir las sensaciones y emociones sentidas en ese momento. De tal manera que si jugamos contra un equipo que en el pasado le hemos ganado con facilidad, reexperimentamos las emociones positivas vividas, favoreciendo que vengan a nuestra mente pensamientos positivos y en consecuencia, nuestro grado de confianza aumente. De la misma forma, podríamos pensar que al jugar contra un equipo que en el pasado nos ha ganado, las emociones negativas revividas favorecerían la aparición de pensamientos negativos, pero esto no siempre es así. Y es que, para saber cómo afectan las emociones a los pensamientos es necesario saber cómo se generan.

¿Por qué sentimos las emociones que sentimos?
Según las Teorías del Appraisal, las emociones surgen de la evaluación que realizamos del entorno en el que nos encontramos, y en función de la misma, tendemos a actuar de una manera u otra. Las investigaciones realizadas al respecto tratan de identificar los factores o criterios que se tienen en cuenta para realizar esa evaluación que da origen a las diferentes emociones. Smith y Ellsworth (1985) identificaron las 6 dimensiones cognitivas que, según Lerner y Keltner (2000) mejor definen los patrones de valoración subyacentes a las diferentes emociones: a) Agradabilidad: se refiere a la valencia positiva o negativa de la emoción que genera la situación; b) Certeza: grado de seguridad de que se produzca la situación; c) Control sobre la situación: grado en que las personas sienten que la situación está bajo su control, el de otros o el de las circunstancias; d) Atención: grado en el que las personas están motivadas a centrar su atención en la situación; e) Esfuerzo anticipado: en qué medida las personas consideran que tienen que esforzarse en esa situación y f) Responsabilidad de uno/otros: grado en el que consideran que la situación es debida a otros o a ellos mismos.

Cada emoción puede ser definida por las dimensiones centrales que caracterizan su significado central (Smith y Ellsworth, 1985). Por ejemplo, las dimensiones certeza, control de la situación y responsabilidad son centrales para distinguir el enfado de otras emociones negativas. De tal manera que se siente enfado cuando la persona considera que la situación negativa está bajo su control, es responsabilidad de otros y tiene certeza sobre lo que pasa. Sentiría culpa si la persona considera que él/ella es el responsable de esa situación negativa. Y sentiría miedo si considerara que la situación negativa no está bajo su control y no tiene certeza de lo que ocurre.

Teniendo en cuenta esto, ¿qué creéis que sintieron el año pasado los jugadores de la selección española después de perder en casa contra Francia? ¿Rememorar esas emociones pudo beneficiarles en el partido de ayer?

Según Lerner y Keltner (Teoría de la Tendencia de valoración, 2000; 2001) las valoraciones asociadas a cada emoción activan una predisposición cognitiva llamada “tendencia de valoración”, que lleva a los individuos a evaluar un evento posterior de manera consistente con las apreciaciones fundamentales que caracterizan la emoción. De tal manera que al revivir ciertas emociones, la evaluación de eventos futuros se ven influidas por las valoraciones asociadas a esas emociones revividas. Pongamos el partido de ayer como ejemplo para clarificarlo. Imaginemos que los jugadores del equipo español sintieran el año pasado enfado y culpa por la derrota ante Francia y que, al volver a enfrentarse a ellos este año, re-experimentaran esas emociones. De acuerdo con esta teoría, las valoraciones asociadas a esas emociones (alto control y certeza de la situación) influirían en la forma de afrontar el nuevo enfrentamiento, de tal manera que los jugadores sentirían más confianza en sus posibilidades que si hubieran re-experimentado miedo (ej: porque consideraran que las derrotas anteriores fueron debidas a cosas incontrolables como arbitrajes o superioridad del rival, etc.). De acuerdo con esto, las emociones negativas no siempre perjudican el rendimiento, por lo que es conveniente ser más precisos a la hora de identificar las emociones de nuestros deportistas para conocer su efecto sobre el rendimiento futuro. En ese sentido, hay que señalar que no hemos tenido en cuenta el componente motivacional de las mismas que también es muy relevante, así, por ejemplo, la culpa nos impulsa a reparar el daño que hayamos podido causar; pero esto será motivo de otro post.  

19 de agosto de 2015

El ENTORNO DEL DEPORTISTA ¿ayuda o perjudica?

Entorno_deportista

En muchas tertulias y conversaciones con amigos, familiares… suele salir el tema de la prepotencia y altanería de algunos deportistas. Si bien muchas personas conocidas y no conocidas, famosas y no famosas tienen estas características, parece que nos incomoda en mayor medida que ocurra con deportistas que, en muchos casos, admiramos.

¿Por qué? Pues porque consideramos que el deportista, por el mero hecho de practicar deporte, está impregnado de los valores que se asocian a esta actividad: humildad, honestidad, generosidad, etc. Nos dejamos llevar por un sesgo cognitivo denominado efecto halo, que consiste en que a partir de una sola característica (en este caso, positiva) valoramos el resto. De tal forma que si sabemos que una persona practica deporte, asumimos que además, tiene hábitos saludables, valores adecuados, etc. y esto, no siempre ocurre. Así, nos encontramos con deportistas que se dopan, se drogan, tienen problemas con el fisco,….

Estos casos nos abren los ojos y nos muestran que los valores, al igual que los conocimientos y habilidades, han de transmitirse de forma consciente y adecuada, y no dejarlos a la suerte. Es en este punto, donde el entorno cercano al deportista (entrenadores, compañeros y familiares) adquiere un papel fundamental ya que, en función de sus actuaciones, el deportista adquirirá unos valores adecuados o inadecuados.

Piensa por un momento que tienes 19 años y que has conseguido un éxito deportivo importante. A partir de ahí, empiezas a firmar contratos publicitarios relevantes, la afición te para por la calle para pedirte autógrafos y hacerse fotos contigo, tienes miles de seguidores en las redes sociales, te hacen entrevistas en televisiones y radios, asistes a eventos de gran relevancia social... Todo el mundo habla maravillas de ti: eres de otra dimensión, estás haciendo historia, etc. ¿Qué pensarías? ¿Creerías que eres el/la mejor?

Las respuestas a estas cuestiones dependerán de lo que piense el entorno de ese deportista. Si entrenadores y familiares se dejan llevar por las consecuencias positivas del éxito, es decir, por los refuerzos materiales y sociales (todos extrínsecos a la práctica deportiva), el joven deportista también lo hará. En cambio, si entrenadores y familiares valoran lo conseguido, pero enseñan al deportista que esas consecuencias son efímeras (e.g., como en el anuncio: no es lo que tengo, es lo que soy) y que lo importante es el trabajo, el esfuerzo y la satisfacción personal, el joven deportista se centrará en los aspectos intrínsecos del deporte. Y es que, las creencias, expectativas y valores están influidas por las personas que nos rodean, especialmente, por aquellas que son personalmente relevantes para nosotros. En el caso de los deportistas, suelen ser principalmente, entrenadores y familiares.

17 de julio de 2015

Características del deportista: LA PERSEVERANCIA

Perseverancia en el deporte


Uno de los aspectos que más solemos trabajar en Psicología deportiva es el cambio de actitud en la pista o campo. Normalmente son los padres u otros familiares quienes se quejan de la actitud que presentan los deportistas, y es que desde fuera es más sencillo darse cuenta de ello. Tenistas que ante un fallo importante se enfadan y tiran la raqueta, golfistas que van haciendo aspavientos y quejándose durante el recorrido de un hoyo después de meter la bola al agua, jugadores de basket que al llevar el marcador en contra, se centran en la actuación del árbitro, etc. En definitiva, actitudes que dificultan el estar centrado en la tarea, proporcionan información valiosa a los rivales sobre el estado anímico en el que se encuentra el deportista, pero, sobre todo, que inciden negativamente en el mantenimiento del esfuerzo, favoreciendo que, en algunos casos, el deportista llegue a tirar el partido o competición. En este contexto, es necesario hacer ver a los deportistas que lo malo no es cometer fallos sino dejar de esforzarse para superarlos.

Si bien en el ámbito de la Psicología y más concretamente de la motivación se ha hablado mucho de la importancia de marcarse metas realistas, concretas, medibles, etc., así como de las acciones que hay que llevar a cabo para conseguirlas, se ha tratado menos el mantenimiento del esfuerzo, es decir, la perseverancia de los deportistas. Por tal motivo, en este post vamos a profundizar más en este aspecto de la motivación tan importante en el deporte y, en general, en la vida.

La perseverancia consiste en mantener una conducta a pesar de la ausencia o baja frecuencia de una recompensa. Así, un tenista será perseverante cuando intente llegar a todas las bolas aunque no lo consiga en todas las ocasiones; un golfista será perseverante si al golpear cada bola se centra en llevarla por el recorrido marcado, aunque no siempre lo consiga; los jugadores de baloncesto serán perseverantes si luchan por cada balón en defensa, aunque no consigan robarlo en todas las jugadas. De esta forma, la perseverancia aumenta la resistencia a los efectos negativos de la ausencia de recompensa deseada.

Pero ¿cómo mejorar la perseverancia de un deportista?

16 de junio de 2015

OBJETIVO: FOCALIZARSE EN EL PRESENTE

En los últimos meses, mucho se está hablando de la situación de Rafa Nadal. Fundamentalmente las noticias se centran en la importancia de recuperar posiciones en el ranking de la ATP; de ganar torneos o a rivales otrora ganados o superados; de recuperar el ritmo de juego… En otras palabras, se valora el rendimiento actual en función del obtenido en el pasado, en vez de analizar qué factores en el presente están favoreciendo o perjudicando el rendimiento del deportista. Esta continua vuelta al pasado dificulta el progreso, ya que dirige la atención del deportista a hechos pasados en vez de al momento presente, impidiendo que se centre en la tarea (ej: no tenía que haber fallado esa bola, si la hubiera metido iríamos en el marcador arriba, etc). En este sentido, los psicólogos deportivos solemos hacer mucho hincapié en que los deportistas no se anclen en el pasado, hecho que ocurre con frecuencia cuando cometen un error (ej: tenista que se queda en la doble falta cometido; golfista que se queda con el triple bogey cometido en el hoyo anterior….). En estos casos, es importante recordarles que el error cometido no se puede cambiar, no tienen control sobre él, pero si sobre su ejecución actual.

Pero la vuelta al pasado no sólo afecta a la atención, también influye en el estado emocional del deportista. Pero ¿cómo?

Los deportistas con una trayectoria llena de éxitos suelen generar altas expectativas de alcanzar el éxito. Tanto su entorno (medios de comunicación, afición, familiares, entrenadores,…) como ellos mismos consideran que la probabilidad de conseguir buenos resultados es alta. Cuando el rendimiento y los resultados no se ajustan a las expectativas generadas, se produce un desajuste en el deportista, que conlleva una elevación del nivel de activación (normalmente, siente enfado o ira) y una evaluación cognitiva cuyo objetivo es intentar resolver ese desajuste. En otras palabras, el deportista trata de analizar las razones que han motivado ese resultado. Si identifica las causas de ese mal resultado y son debidas a aspectos que quedan bajo su control, es decir, a su rendimiento (ej: mala ejecución de gestos técnicos, estar descentrado, estar en baja forma, etc), el deportista se siente aliviado ya que puede modificar en el futuro esa situación. Por el contrario, cuando no es capaz de identificar las causas o son debidas a aspectos ajenos a él, no debidos a su rendimiento (ej: el rival es muy superior a él, el árbitro ha tenido la culpa, etc), el deportista puede sentirse frustrado y enfadado ya que no tiene control sobre la situación y, por tanto, no puede modificarla.

Si los malos resultados continúan en el tiempo, el deportista empieza a sentirse presionado: anticipa las consecuencias negativas de un nuevo mal resultado (ej: no puedo fallar otra vez; si no me meto en semifinales caigo en el ranking, voy a defraudar a mi gente, ¿por qué no soy el de antes?…), lo que produce un incremento de su nivel de ansiedad y, en consecuencia, disminuye su rendimiento (Ver ansiedad deportiva) lo que normalmente se traduce en un mal resultado. En definitiva, se produce el fenómeno conocido como profecía autocumplida (la creencia de que se va a obtener un mal resultado, directa o indirectamente lleva su propio cumplimiento).

¿Cómo parar la profecía autocumplida?

En esta situación, al igual que cuando el deportista se ancla en un error cometido en el pasado, es necesario ayudarle a refocalizar su atención. Lo importante no es lo que hizo en el pasado (fallo o acierto) si no lo que está haciendo en el presente, por tanto, es necesario que deje atrás el pasado y dirija la atención al momento actual, estableciendo nuevas expectativas que se ajusten a la realidad del momento. De esta forma, disminuirá su grado de presión, por lo que el rendimiento mejorará y probablemente los resultados también acompañen. Paralelamente, el grado de satisfacción irá aumentando a medida que vaya cumpliendo las nuevas expectativas e igualmente irá aumentado su grado de autoconfianza, aspectos que favorecen el rendimiento. En definitiva, los objetivos marcados han de dirigirse al futuro partiendo de la situación actual y no referirse a la recuperación de logros pasados.

14 de mayo de 2015

Psicología deportiva y Golf: ATENCIÓN Y CONCENTRACIÓN


Al igual que hemos hecho en otros artículos, vamos a profundizar en el conocimiento de una determinada habilidad psicológica a través de un deporte concreto. En esta ocasión, hemos elegido el golf para hablar de la atención y de la concentración, ya que este deporte requiere que los golfistas sepan regular su nivel de atención en función del momento del partido. De tal manera que el golfista ha de estar muy concentrado al ejecutar los golpes y no tanto, en los períodos entre golpe y golpe.

Pero ¿qué es la atención?

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, es la capacidad del ser humano para seleccionar algunos estímulos y responder a ellos, prescindiendo de los demás. Si bien existen varios tipos, en el golf, se ponen en juego fundamentalmente dos: la atención focalizada o concentrada y la atención sostenida. La primera se refiere a la capacidad de centrar la atención en un estímulo relevante (ej: la bola, el banderín, etc.) y la segunda, a la capacidad de mantener la atención en un determinado estímulo durante un tiempo. En este sentido, hay que señalar que las competiciones de golf son muy largas (aproximadamente unas cinco horas), por lo que resulta muy difícil mantener un nivel de concentración alto durante todo el partido y además, puede resultar innecesario e incluso perjudicial. De hecho, en el golf, existen momentos del partido donde no es necesario que el jugador esté concentrado al 100%, por ejemplo, cuando camina por el hoyo para realizar el próximo golpe. Si el jugador mantiene al 100% sus recursos atencionales en estas situaciones, tendrá un desgaste mental que puede perjudicarle en los momentos claves, donde sí es necesario estar concentrado al 100%, como es durante la ejecución del golpe. Por tanto, es conveniente explicar a los golfistas la importancia de gestionar adecuadamente sus recursos, enseñándoles a identificar las situaciones donde tienen que emplearlos y aquellas donde no es tan necesario. De esta forma, aprenderá a optimizar sus recursos, evitando un desgaste mental.

Pero ¿cómo optimizar los recursos atencionales?

8 de abril de 2015

Mi hijo/a es deportista ¿cómo puede compaginar el deporte con los estudios?


Sin duda este es uno de los temas que más suelen preocupar a los padres de los jóvenes deportistas, y por ende a sus entrenadores, que a medida que pasa la temporada ven como su plantilla va disminuyendo por culpa de los malos resultados en los estudios. Y es que muchos padres quitan a sus hijos de la práctica deportiva en aras de mejorar su rendimiento académico, cosa que, en muchos casos, no funciona.

¿Por qué? Pues porque el bajo rendimiento académico en estas situaciones, normalmente no tiene que ver con tener más o menos tiempo para estudiar, sino con cuestiones relacionadas con la motivación. Frases como “para que voy a estudiar si yo me quiero dedicar al fútbol”, “si no llego a la élite, me hago monitor y ya está”, “mira a tal o cual jugador, no tiene estudios y gana una pasta” suelen ser el origen del mal rendimiento académico de algunos deportistas.

En este punto, resulta necesario sensibilizarles sobre la importancia de tener una buena formación académica para su futuro profesional. En primer lugar, porque no todos los deportes tienen el mismo nivel de profesionalización, por lo que en muchos casos, los deportistas de élite tienen que compaginar su carrera deportiva con un empleo. Un ejemplo de esto es Saúl Craviotto que, a pesar de ser medallista olímpico en piragüismo, tiene que compaginar su carrera deportiva con su profesión de policía. En segundo lugar, porque la carrera deportiva suele ser muy corta, de tal manera que, un deportista, en el mejor de los casos, suele retirarse con 35-36 años, quedándole otros 30 años en los que tiene que desempeñar otras labores antes de jubilarse, y si no ha planificado esa etapa puede resultarle traumática (ver post sobre la retirada deportiva). En tercer lugar y no por ello menos importante, no todas las jóvenes promesas llegan a la élite deportiva, por lo que si no tienen una formación académica adecuada su inserción en el mercado laboral se complica considerablemente.

6 de marzo de 2015

La comunicación no verbal en el deporte



En la actualidad, uno de los temas más tratados en cualquier ámbito de la gestión de personas es la comunicación. De hecho, muchos denominan a la etapa que estamos viviendo la era de la comunicación. Los móviles, Internet, los servicios de mensajería instantánea,… son elementos que nos acercan a otras personas, pero paradójicamente cada vez nos comunicamos peor.

En el mundo del deporte (fiel reflejo de la sociedad actual) ocurre lo mismo. Así cuando un entrenador tiene que dirigirse a un jugador o un deportista, se comunica a través de mensajes en vez de hacerlo presencialmente, y esto, genera problemas de comunicación.

¿Por qué?
Porque los mensajes escritos no facilitan toda la información necesaria para establecer una buena comunicación, dejan atrás todo lo relacionado con las motivaciones, actitudes y estados emocionales de los interlocutores; y cuando no tenemos toda la información, la inferimos, pero en base a nuestras percepciones, es decir, la interpretamos a nuestra manera y ahí, vienen los fallos en la comunicación. Pensemos ¿cuántas veces hemos tenido problemas con alguien cercano porque no ha interpretado igual que nosotros un mensaje que le hemos enviado? Y es que alrededor del 80% de la información que recibimos se debe a la comunicación no verbal, y los mensajes, a pesar de los famosos emoticones, carecen de ella. Además, es más fiable ya que tiene menos probabilidades de hallarse bajo control consciente y por tanto, es más difícil manipularlo o disimularlo. Por contra, también es más difícil interpretarlo, por lo que es conveniente siempre tener en cuenta el contexto.

Pero ¿cuáles son los elementos de la comunicación no verbal?

30 de enero de 2015

La retirada de los deportistas profesionales ¿y ahora qué?


Después de varios años obteniendo éxitos, recibiendo halagos y reconocimientos, firmando autógrafos, haciendo entrevistas, etc. llega un día en que el deportista se levanta y todo eso ha desaparecido. Se retira de su modalidad deportiva y ya no hay aplausos, no hay llamadas para pedir entrevistas, la gente ya no le para por la calle para hacerse una foto o pedirle un autógrafo… el deportista pasa de ser el centro de todas las miradas a ser casi invisible.

Y es que la retirada deportiva no sólo es dejar de practicar el deporte a alto nivel, conlleva una serie de cambios que, si no son asimilados, pueden tener consecuencias muy negativas para el deportista (e.g., a nivel social, emocional, personal, familiar, económico,…). Pongámonos en situación: En la mayoría de deportes, la retirada se produce a lo largo de la treintena (33- 36 años aproximadamente). En esta etapa, una “persona normal” está comenzando a estabilizar su vida laboral, económica y familiar; en cambio, el deportista se “está jubilando”, tiene que volver a empezar de cero. Además, pasa de no tener tiempo para casi nada, ya que, la mayor parte de su vida, se ha centrado en su deporte y en lo que éste conllevaba (i.e., entrenamientos, competiciones, viajes, concentraciones, etc.) a tener todo el tiempo del mundo… Su rutina de vida cambia, pero también para la pareja y el resto de la familia.

En definitiva, la retirada es un proceso transitorio en el que el deportista ha de adaptarse a todos los cambios que se producen en su vida. Y esto, posiblemente, sea uno de los mayores problemas a los que se tiene que enfrentar cualquier deportista. Sobre todo, porque es algo inevitable. Seas quien seas, ese momento llega y hay que estar preparado para ello.

No obstante, no todas las retiradas deportivas son iguales. Hay algunas que son más traumáticas que otras, ¿de qué depende? Fundamentalmente, del motivo que lo precipita. Varios autores han señalado que la retirada puede ser:
  • Voluntaria o involuntaria (Alfermann, 2000; Webb, Nasco, Riley y Headrick, 1998). Así no es lo mismo que el deportista considere que ha llegado su hora (e.g., bien porque ya no disfruta igual, porque no llega al nivel esperado, etc.) a que tenga una lesión que le impida continuar.
  • Planificada o no planificada (Alfermann, Stambulova y Zemaite, 2004). De forma similar, no es lo mismo que sea el deportista quien decida cuando retirarse (e.g., “cuando cumpla el contrato en este club, me retiro”; “después de este campeonato, lo dejo”, etc.) a que sean otros (e.g., decisión del entrenador, del club, de la familia, etc.).
  • Deportiva o no deportiva (Cecic, Erpic, Wylleman y Zupancic, 2004). Es decir, si existen motivos extradeportivos que puedan motivar la retirada (e.g., enfermedad, decisión familiar, etc.) o son meramente deportivos (e.g., no estar al nivel deseado, falta de motivación, etc.).

De acuerdo con esta clasificación, cuanto mayor control tenga el deportista sobre su retirada (i.e., que sea voluntaria y planificada), mejor será su adaptación. En cambio, cuanto menor control tenga (i.e., involuntaria y no planificada) más difícil será la adaptación.

Pero ¿cómo es ese proceso de transición?

22 de diciembre de 2014

Miedo escénico en el deporte, ¿se produce?


Recientemente escuchábamos en los medios de comunicación que la cantante Pastora Soler se retiraba temporalmente de los escenarios por miedo escénico y días más tardes era Joaquín Sabina quien, por un ataque de pánico, tenía que abandonar antes uno de sus conciertos. Ambos casos hacen referencia a un trastorno de ansiedad.

Pero ¿esto también puede ocurrir en el deporte?. La respuesta es sí y más de lo que nos pensamos. Y si no, pensemos en los problemas que ha tenido Messi este año o Iria Grandal, tiradora de arco.

Pero ¿qué es un ataque de pánico o crisis de ansiedad?
De acuerdo con el DSM IV, un ataque de pánico consiste en una aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 minutos: a) palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca, b) sudoración, c) temblores, d) sensación de ahogo, e) de atragantase, f) presión torácica, g) náuseas, h) inestabilidad, i) mareo o desmayo, j) desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo), k) miedo a perder el control, l) a morir, m) sensación de entumecimiento u hormigueo y n) escalofríos o sofocaciones.

Pero ¿por qué ocurre un ataque de pánico?
Cuando nuestro cerebro percibe un peligro, automáticamente se activa una respuesta de alarma que prepara al organismo para huir de la amenaza o para luchar contra ella. Por tanto, su finalidad consiste en adaptar el organismo al entorno, garantizando su supervivencia. Si bien en el pasado esta respuesta se daba ante amenazas reales que ponían en juego la vida del organismo (ej: animales feroces); en la actualidad, suele darse ante “amenazas no reales”, es decir, ante situaciones que no ponen en juego la supervivencia de la persona.

Pero ¿ante qué situaciones pueden sufrir los deportistas un ataque de pánico o una crisis de ansiedad?

22 de noviembre de 2014

Psicología deportiva y Esgrima: PROCESAMIENTO DE INFORMACIÓN.

Foto sacada de www.definicionabc.com
En artículos anteriores, hemos tratado algunas habilidades psicológicas básicas para el deporte a través de modalidades deportivas como el baloncesto, el tenis, la Marathon, etc. En esta ocasión, vamos a tratar la importancia de los aspectos psicológicos en la esgrima. Si bien en este deporte se ponen en juego varias habilidades, nos vamos a centrar en el procesamiento de información ya que la esgrima exige que los tiradores tomen decisiones y ejecuten acciones con gran velocidad, anticipándose y reaccionando rápidamente ante los movimientos del oponente.

Pero ¿qué es el procesamiento de información?

El procesamiento de información consiste en transformar la información procedente del entorno (interno o externo) en símbolos inteligibles para el sistema, de tal manera que éste pueda responder de forma eficaz. Esta entrada, transformación y salida de la información se realiza a través de diferentes operaciones y estructuras:
  • Operaciones: Primero, tenemos una sensación, es decir, tomamos consciencia de la presencia de estímulos. En segundo lugar, atendemos a ciertos estímulos que nos resultan relevantes, orientando nuestros órganos receptores hacia un estímulo concreto. En tercer lugar, percibimos el estímulo atendido, es decir, interpretamos la información proveniente del estímulo, dándole un significado y organizando esta información. Este proceso es subjetivo por lo que se ve influido por factores externos (ej: intensidad, tamaño, movimiento del estímulo) e internos (ej: motivaciones, experiencias pasadas, necesidades, etc.). Una vez codificada, se analiza la información, se almacenan aspectos de ésta y se toman decisiones con respecto a la conducta a seguir. Una vez planeada la acción a realizar, se envía la información a los músculos para ejecutarla.
  • Estructuras: La información es recibida a través de los órganos: fotorreceptores (vista), mecano-receptores (oído, tacto, propiocepción, cinestésico e interoceptivo), termo-receptores (tacto) y quimio-receptores (olfato, gusto). Para tomar consciencia de esas sensaciones, la información es enviada a las áreas sensitivas primarias de la corteza cerebral, situadas en los lóbulos parietales, occipitales y temporales. Posteriormente, en las áreas asociativas se transforman las sensaciones en procesos perceptivos y cognitivos (lóbulos frontales y convergencia de los lóbulos parietales, occipitales y temporales). Después, en la zona anterior de los lóbulos frontales, en colaboración con las áreas asociativas parietales, se programan las secuencias de movimientos voluntarios a realizar. Esta información es enviada a las áreas motoras primarias de la corteza para iniciar la ejecución de los movimientos voluntarios (situadas en la zona posterior de los lóbulos frontales).
Este proceso, descrito de forma sencilla y esquemática, se pone en marcha ante cualquier situación, no sólo en la esgrima. No obstante, el tirador ha de llevarlo a cabo lo más rápidamente posible para tener éxito en sus acciones. En otras palabras, el esgrimista tiene que tener habilidades que le permitan en una brevedad de tiempo lograr una percepción adecuada de la situación del combate, anticipar las acciones en tiempo y espacio del oponente, decidir rápidamente y realizar una ejecución efectiva en condiciones de máxima velocidad.

Entonces ¿qué operaciones se ponen en juego fundamentalmente en la esgrima?

13 de octubre de 2014

Características del entrenador: LA AUTORIDAD.


Si bien en artículos anteriores hemos hablado de la personalidad del entrenador, me parece interesante centrarnos más detenidamente en una característica importante que, en mi opinión, se trabaja de forma inadecuada: LA AUTORIDAD.

 Pero ¿en qué es la autoridad?

Se refiere a la obligación de obedecer al que manda. En nuestro caso, al entrenador. Según el psicólogo social Robert Cialdini (2006), es uno de los 6 principios que explican los procesos de influencia y persuasión. Por tanto, las personas que tienen autoridad tienen más capacidad de persuasión.

Y ¿cómo funciona el principio de autoridad?

Puede funcionar a través de dos elementos: jerarquía y símbolos. La jerarquía se refiere a la autoridad obtenida mediante el conocimiento y la experiencia. Por ejemplo, un entrenador que se ha formado a través de los diferentes cursos existentes en cada deporte y lleva varios años dirigiendo equipos de la máxima competición. Los símbolos que se asocian a la autoridad aportan credibilidad, como por ejemplo, los títulos obtenidos, la ropa específica a un determinado colectivo (bata de médico, uniforme de cuerpos de seguridad, etc.). De acuerdo con esto, la obediencia puede ser a la autoridad legítima, constituida a partir de su conocimiento o jerarquía, y a los símbolos asociados con la misma: títulos, credenciales. No obstante, para que un entrenador sea más influyente ha de basarse en su jerarquía y demostrar su autoridad en cada momento.

 ¿Qué ocurre con la autoridad de los entrenadores?

22 de septiembre de 2014

GESTIÓN DE EMOCIONES: Mundial de Basket España 2014

Foto sacada de www.elpais.com

Recientemente hemos vivido un batacazo importante en el mundo del baloncesto, la derrota en cuartos de final de España (nuestra ÑBA) frente a Francia ha abierto muchos debates y cuestiones sobre la manera de proceder del equipo y del ya ex seleccionador nacional. Si bien la mayoría se ha centrado en la ausencia de formación y/o experiencia técnico-táctica, aspectos que se escapan a este blog, no se ha hecho especial mención a un dato que creo que también ha sido muy importante: la gestión de las emociones, tanto propias (del equipo técnico) como del grupo (los jugadores).

 Y es que, a pesar de que hablemos de profesionales, que cobran en un año lo que nosotros no cobraremos en toda nuestra vida, son personas. Y las personas, queramos o no, tenemos emociones, que si no sabemos manejar, nos puedan hacer pasar una mala jugada. Y si no, que nos lo digan en el partido contra Francia. Sinceramente, ¿alguien cree que técnicamente o físicamente los franceses eran superiores a nosotros? Yo creo que no, pero mentalmente nos dieron una lección, desde el entrenador hasta el último de los jugadores.

 En primer lugar, es importante señalar que emociones y pensamientos van cogidos de la mano. Como ya hemos tratado en otros artículos sobre emociones, cuando una persona está contenta tiende a pensar de forma más positiva que cuando está triste o enfadada. Y viceversa, cuando una persona tiene pensamientos negativos, tiende a sentirse peor que cuando tiene pensamientos positivos. Teniendo esto en cuenta, recordemos como al inicio del tercer cuarto, los franceses con la salida y posterior tangana de Pietrus, cortó la racha positiva de España. Los pensamientos y sensaciones positivas debidas a  varias buenas jugadas se cortaron y dieron lugar a enfados y frustraciones.

De forma similar, cuando una persona tiene unas determinadas expectativas sobre un evento, y éstas no se cumplen se generan respuestas emocionales. En primer lugar, sorpresa (recordemos la cara de Orenga desde el comienzo del partido), ya que lo que se esperaba que ocurriera no se estaba produciendo. Después, se empieza a hacer una valoración cognitiva de por qué está pasando eso (ej: si es relevante para cumplir el objetivo planteado, quien es el responsable, qué consecuencias tiene, etc.) y en función de ésta, se sentirá miedo, tristeza, enfado, culpa, etc. Cuando una persona empieza a pensar en lo que está perdiendo, en las consecuencias que puede conllevar que no se cumplan las expectativas, siente miedo y el miedo tiene dos posibles conductas: huir o paralizarse. Y en ese partido, hubo parálisis en el equipo técnico, se bloquearon y su respuesta ante la rotura de expectativas fue no hacer nada (o por lo menos eso es lo que se vivió desde fuera).

Pero hubo más emociones puestas en juego....

10 de agosto de 2014

Beneficios psicológicos de la actividad física y deportiva: ¿cómo mejora nuestra cognición?

En el mes de vacaciones por antonomasia y con la vista puesta en el horizonte del nuevo curso, parece adecuado hablar de los beneficios que supone la realización de ejercicio físico y deporte como parte integrante de nuestra rutina diaria. En nuestro caso, nos centraremos en algunos de los beneficios psicológicos, concretamente, en el presente artículo, trataremos las mejoras que se producen a nivel cognitivo.

Cada vez son más las investigaciones que muestran la relevancia del ejercicio cardiovascular en el mantenimiento o incluso mejora de algunos aspectos de nuestra cognición (Angevaren, Aufdemkampe, Verhaar,  Aleman y Vanhees, 2008; Hillman, Erikson y Kramer, 2008; Smith, Blumenthal, Hoffman, Cooper, Strauman, Welsh-Bohmer, Browndyke y Sherwood, 2010). De hecho, se ha encontrado que tiene efectos positivos en el rendimiento de tareas cognitivas que requieren un control consciente, implicando la activación de las áreas frontales del cerebro (Colcombe y Kramer, 2003). Este hallazgo es muy importante ya que es en esa zona, concretamente, en el área prefrontal donde se encuentran localizadas las funciones ejecutivas, que representan el nivel supraordinado del funcionamiento cognitivo.

Pero, ¿qué son las funciones ejecutivas?

10 de julio de 2014

Impulsividad y deporte.

A raíz de los mordiscos de Luis Suárez, el último en el partido contra Italia del Mundial de Brasil, muchos son los que preguntan a los psicólogos por los motivos que le llevan a comportarse de esa manera y todos coincidimos en que el motivo fundamental es la impulsividad o la falta de control de impulsos.
Pero ¿qué es la impulsividad?
Desde una perspectiva cognitiva, la impulsividad se caracteriza por la ausencia del control reflexivo y la ausencia de previsión de las consecuencias que acarrea. Es decir, se emiten respuestas sin el suficiente procesamiento de la información percibida (Vallés, 2006), lo que favorece la comisión de errores en algunas situaciones.

Desde una perspectiva emocional, la impulsividad se caracteriza por una escasa tolerancia a la frustración, incapacidad para demorar reforzadores, escasa resistencia a la tentación y escaso control de los impulsos que le incitan a responder con rapidez. En otras palabras, la persona está ansiosa por responder con rapidez (Vallés, 2006).

Entonces, ¿es positivo ser impulsivo en deporte?
La respuesta es NO. Si bien el rendimiento de un deportista depende, en muchas ocasiones, de su velocidad para responder con rapidez  a los estímulos, es decir, que haya una pequeña demora entre la percepción del estímulo y la emisión de la respuesta, éstas tienen que ser efectivas y para ello tiene que haber un procesamiento previo. La cuestión es que cuando vemos al deportista responder en milisegundos no recordamos que para conseguir eso ha tenido que entrenar duramente esa misma situación o situaciones similares, hasta tal punto, que lo ha automatizado. Por ejemplo, un jugador de baloncesto que recibe el balón cerca de canasta y tiene que tirar rápido para que no le tapone el defensor. En este tipo de situaciones, el tiempo disponible para tomar decisiones suele ser reducido, y éstas suelen afectar al rendimiento, por lo que es importante que el deportista decida casi automáticamente que hacer. Para ello, tiene que identificar los estímulos o condiciones que han de darse para que sea más conveniente una u otra opción, y una vez identificados ensayar esas situaciones para que queden almacenadas en la memoria y puedan recuperarse fácilmente en el momento de la decisión. Buceta (1998) habla de decisiones sobre ejecución inmediata y señala que éstas dependen, por un lado, del estilo de funcionamiento del jugador, es decir, su forma personal de actuar y por otro lado, de las situaciones y estímulos antecedentes que se presentan en cada momento del partido (e.g., posición de los compañeros, oponentes, etc.).

Estas decisiones no tienen que ver con la impulsividad ya que ésta se caracteriza por la falta de procesamiento o reflexión. Es decir, la persona responde inmediatamente ante determinados estímulos pero lo hace de forma inadecuada. Ej: jugador que pierde el balón y comete falta por intentar conseguirlo de nuevo.

En estos casos, es una respuesta no procesada ni entrenada, por tanto, suele ser ineficaz y en algunos casos, inaceptable (ej: como el mordisco de Luis Suárez), por lo que es necesario eliminarlas.

¿Existen situaciones que pueden favorecer la impulsividad?